4/08/2010 ¿Cuál castigo?

Las siguientes lineas fueron sacadas de los comentarios de este blog.

Los nuevos “padrinos” dentro del Cereso de San Miguel son los hermanos Tiro Moranchel, procesados como presuntos responsables de millonarios fraudes a través de las empresas Sitma e Invergroup.
Pese a que sus fechas de ingreso no son las mismas, actualmente ambos son los empresarios más fuertes dentro de la población de internos, en otras palabras, dueños de todo, desde la consciencia de un custodio hasta del mismo director, sin mencionar que los presos “les tiran ramas a su paso”.
Los dos hermanitos ya fueron declarados formalmente presos, sin embargo, permanecen en el Área de Ingresos, situación que se considera irregular, tomando en cuenta que el número de internos supera en más de 300 por ciento su cupo, por lo que ya debieron haberlos acomodado como todos los demás implicados en delitos de orden común.

Pero esto no es lo más grave, los hermanos Tiro Moranchel y sus millones ilegalmente adquiridos, lograron el control total del Cereso.
Los Moranchel atienden desde una oficina que les instalaron en el Área de Visita Íntima , pagan —como uno de sus tantos sobornos— 250 pesos diarios para recibir a sus familiares, amigos y comparsas, el servicio de oficina es de ocho horas de lunes a lunes, lo que significa que nada más por este “servicio” pagan 7 mil pesos al mes, más comidas.

Pero cuando le digo que los hermanos Tiro Moranchel son los empresarios más fuertes, es porque con esos mismos sobornos ya se adjudicaron diversas concesiones, entre estas las llamadas “casitas de patio”, que no son otra cosa que pequeños y humildes campamentos improvisados con sarapes y colchas, que se rentan a 100 pesos cada una y por todo el día, esto los viernes, sábados y domingos y son utilizadas para visitas íntimas y para uno que otro caso de lenocinio en el que incurren internos con sus mujeres —a la vista de los custodios— aunque eso es otro tema.
Los Tiro Moranchel tampoco han perdido el estilo, acostumbrados a “verle la cara de tonto” a quienes se les acercan, por lo que se apoderaron del negocio de las artesanías y a cada uno de sus empleados le pagan 50 pesos a la semana —si quiere— mientras que ellos reportan una ganancia de 300 por ciento.
La concesión de la madera es otro de sus lucrativos negocios, sus ganancias se reportan hasta por 60 mil pesos a la semana, además de que adquirieron una papelería, una taquería y dos tiendas de ultramarinos.
Los dos empresarios no son tontos, saben que estos negocios al interior del penal pueden ser detectables, por lo que colocaron prestanombres: Eligio Navarro, Roberto García, Manuel Castillo, Raúl Peñaflor —el del robo de los 37 millones a la Secretaría de Finanzas—, entre otros.
Imagine el lector si esto no es una burla para los miles de afectados por sus fraudes, los dos hermanos patrocinan cuatro equipos de futbol, uno de estos tienen playeras donde el estampado dice “Fraudes Sitma SA de CV”.
Tienen a sus pies a todo el centro penitenciario, el mismo director presume de ser su amigo y no se diga de Moisés, quien es el jefe de los custodios y quien se encarga de “castigar” a los presos o custodios que no se rindan a sus caprichos.
No falta interno que esté molesto por la presencia de los Moranchel, que se pasean en el penal humillando al resto de la población, pero no se atreven —por el momento— a hacerles nada, debido a que además de la escolta de custodios que tienen, otros internos considerados de alta peligrosidad los cuidan.
Muchos internos han sido testigos de cómo estos hermanos se burlan de la gente que afectaron con millonarios fraudes, al ver las noticias de mítines y plantones por televisión, dejando entrever que no piensan cumplir con sus pagos.
Lo anterior se lo comentó por una razón, uno de los internos de este penal ha sido testigo de los desplantes y actitudes de los dos “carnalitos” que se regodean en sus millones, este interno amablemente nos envió parte de esta información, además del contenido de algunas pruebas que demuestran que la corrupción que se vive al interior del Penal permite que internos como los Moranchel y otros más, vivan en un “hotel cinco estrellas”.
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