18/06/2011 La Importancia de Apellidarse Tiro Moranchel

Mario Alberto Mejía

En su celda VIP, rodeado de su esposa, sus auxiliares y todas las comodidades del caso, Leonardo Tiro Moranchel, Mr. Sitma, ve pasar los días con muchos planes en la cabeza.

Su mujer, por ejemplo, quien está a punto de hacerlo padre por segunda vez, ingresa al Cereso de San Miguel muy temprano y se retira a las cuatro de la tarde.

Y eso ocurre todos los días.

Sus auxiliares -reclusos que reciben dinero a cambio de servirlo- están prestos a protegerlo de los internos peligrosos y a atender los pequeños caprichos que de vez en cuando se le ocurren.

Pero el hombre que defraudó a miles de incautos a través de SITMA -aquel que era amigo del periodista Sergio Sarmiento y del comentarista Érick Guerrero- tiene una actividad notable aun entre las rejas.

Todos los días habla de negocios.

Y lo hace con otro poderoso interno apellidado Niño de Rivera o vía telefónica con un Couttolenc metido a constructor o con otro socio extremadamente rico e influyente.

Y es que “Leo”, como le dicen los amigos que aún le quedan, tiene un plan visionario para pagarle a los defraudados y volverlos a enrutar en los sueños que perdieron: hacerlos poseedores de sus casas en las 85 hectáreas que aún conserva a cambio de que le otorguen el perdón, lo que lo llevaría a salir de inmediato del Cereso.

Eso, claro, siempre y cuando dos presidentes municipales poderosos no terminen quedándose con sus tierras.

(Ya las vieron, ya las trazaron, las están enamorando).

Su otra opción no es menos atractiva: esperar pacientemente cinco o seis años a que se cumpla su condena y disfrutar de sus millones con todas las de la ley: libre y tranquilo.

Y es que con esos lujos la cárcel ni se siente.

Vea el lector: tiene televisión, radio, internet, dvd, libros, una cama de rey, vinos, cortes argentinos y todo aquello que hace una vida placentera.

Y más: sus auxiliares, que nunca se le separan, le ofrecen paz y tranquilidad.

(Hay en San Miguel hasta un trío musical que por unos pesos deleita al respetable).

Hace unos días, el 7 de junio, el periodista Fermín García dio detalles en su columna Cuitlatlán de una peculiar celebración organizada en el penal nada menos que por los internos VIP.

Vea el lector: “Dicen que el jueves de la semana pasada le celebraron su cumpleaños al político tamaulipeco Juan Roberto Montes Romero, y que para ello le ofrecieron una cálida fiesta, que incluyó la compra de varios kilos de carnitas, chicharrón, así como refrescos, salsas y tortillas. ¿Qué tiene de relevante esto? Que el festejo fue en el patio principal del penal de San Miguel y que el agasajado fue el director del Centro de Readaptación Social (Cereso), quien lleva dos meses en el cargo.

Y lo más importante, que los organizadores y convocantes de la selectiva fiesta fueron los llamados "concesionarios", que no son otra cosa que los internos más poderosos del Cereso de San Miguel por ser quienes controlan la venta ilegal de mercancías o servicios dentro de prisión; o son los que pagan para que su estancia la puedan desarrollar en áreas de privilegio, en donde no se revuelven con presos que son pobres, adictos, seropositivos o los más violentos.

“(...) Al convivio no faltaron los presos que venden las tarjetas para hablar por teléfono, los que rentan meses y sillas, los que controlan la zona de visita íntima y las celdas de privilegio; los que ofrecen servicios de lavandería; los que rentan aparatos electrodomésticos y herramientas; los que comercializan refrescos, comida, medicamentos y otros artículos. Dicen que también fueron los que, aunque parezca increíble, venden pulque en el patio del penal. Y obviamente los que también ofrecen otras mercancías prohibidas”.

Hasta aquí la cita con olor a privilegio.

Queda claro, pues, que nadie que viva como en los tiempos de monseñor Aldo Enrique Cruz -listo para regresar al gobierno estatal- puede sentirse en una cárcel o en un reclusorio.

¡Viva la impunidad!

Nota leida en:http://www.sexenio.com.mx/columna.php?id=1931
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